lunes, 12 de septiembre de 2011

Chapter 9.♥

Me despertaron unas voces gritando algo sobre comida.
- ¡Mamá yo quiero tortitas!
- Pues a mi me apetecen más unas tostadas y bacon...
- ¡Pero!
- Shh, haré un poco de cada. Es muy temprano, dejad de pegar tantas voces.
Sí, eran mis dos queridos hermanos y mi madre, como todas las mañanas peleando por el desayuno. ¿Qué hora sería? Fui a mirarla en el reloj que tenía en la mesilla. Las 8 de la mañana. Vaya, qué temprano. Normalmente solía levantarme a las 12 y a veces, ni siquiera desayunaba. 
Iba a dirigirme a la cocina, para ir a desayunar, pero entonces me acordé de que nadie podía verme. Era un tanto triste, pero como en tantas películas había visto, lo que primero tenía que hacer era no perder la cabeza y sobre todo, no rendirme nunca. Aproveché cuando todos se dispusieron a comer y a hablar para darme una ducha rápida.
Cogí ropa limpia de mi armario, ya que todavía llevaba el vestido de la casa de William. Iba a elegir unos shorts con una camisa, pero luego pensé que si volvía a viajar al pasado y me veían vestida así, podrían hasta matarme. Al final me decanté por un pantalón largo, unas converse y una camiseta normal. Si volvía a viajar... diría que lo había encontrado por ahí tirado. 
Corrí al cuarto de baño intentando hacer el menor ruido posible. Necesitaba una ducha urgentemente, mi pelo y yo misma en general, estábamos más sucios que si me hubiera revolcado en barro. 
Empecé a desnudarme. Nunca había entendido el complejo que tenían la mayoría de las chicas con su cuerpo, que si estoy gorda, que si no me gustan mis caderas, ¡yo quiero tus ojos! y miles de memeces más. Pero a mí no me importaba, yo era como era y no tenía por qué avergonzarme de nada. Mi castaño con pelirrojos reflejos cayó por mi espalda al quitarme la camiseta, cosa que me hizo alguna que otra cosquilla. Cuando iba a entrar en la ducha, me fijé en mi reflejo del espejo. Mis ojos color verde intenso reflejaban miedo y desesperación, y en realidad no mentían. Casi toda mi cara expresaba eso, y eso, no me gustaba. 
Volví a la realidad y me metí por fin bajo el agua rezando porque nadie se diera cuenta de mi presencia. 
Decidí que estos instantes de relajación, no me los iba a quitar nadie. Ni un viaje al pasado, ni alguien llamando a la puerta, ni un pensamiento de los tipo 'y si...' no, nada. Puse el agua caliente al máximo y empecé a masajearme la cabeza con un champú nuevo que había comprado mi madre, olía a rosas. Era muy agradable, así que me enjuagué el pelo dos veces con él. Cuando estaba a punto de salir, la voz de mi tía desde el salón me despertó de esa especie de sueño que estaba teniendo:
- Me parece que voy a darme una ducha, ahora vengo. 
Alarmada, salí corriendo de debajo del agua y comencé a vestirme sin haberme secado previamente. Ya escuchaba a mi tía coger su ropa en su habitación, así que me apresuré en cepillarme el pelo lo más rápido que podía. Al terminar, busqué una forma de salir. Sí, la ventana que daba al tejado. Me subí a un banco que teníamos dentro y la abrí. Era un tanto pequeña, pero creo que podía salir. Ya escuchaba los pasos de mi tía en el pasillo cuando conseguí salir, cerré la ventana a tiempo y asustada, contemplaba la acera desde un segundo piso, que nunca me habían parecido tan altos como ahora.

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